Bad Bunny, protagonista absoluto del Super Bowl 2026
El nombre de Bad Bunny lleva meses dominando titulares, pero su elección como estrella del espectáculo de medio tiempo del Super Bowl —previsto para la noche del 8 al 9 de febrero — ha terminado de convertirlo en el epicentro de la conversación cultural y política en Estados Unidos. Para el artista puertorriqueño, la cita no es solo musical: representa un hito simbólico para la música latina y para su propio discurso público.
Un Grammy histórico y una imagen global
La antesala del evento ha estado marcada por otro logro de enorme peso. El cantante hizo historia al ganar el Grammy 2026 al Álbum del Año, algo inédito para un disco en español. El reconocimiento consolidó su posición como figura global y confirmó la expansión internacional del reguetón y la trap latina más allá de los circuitos habituales.
Su aparición en la gala tampoco pasó desapercibida. Vestido con un traje de la firma Schiaparelli, proyectó una imagen sofisticada que contrastaba con la estética urbana de sus inicios. La moda, en su caso, no es un accesorio sino parte de la narrativa artística. Incluso su nombre artístico remite a una anécdota infantil: proviene de un disfraz de conejo que se vio obligado a llevar de niño, una imposición que hoy contrasta con el férreo control que ejerce sobre su identidad pública.
Activismo y discurso político sobre el escenario
Con el paso de los años, el artista ha ampliado su perfil más allá de la música. En conciertos y apariciones públicas ha denunciado abiertamente la política migratoria estadounidense, llegando a exigir sobre el escenario la eliminación del Immigration and Customs Enforcement (ICE), la agencia federal encargada del control migratorio.
Lejos de enfriar la reacción del público, sus mensajes han encontrado eco entre sus seguidores. Desde 2018, su figura ha evolucionado hasta convertirse, para muchos, en una especie de “rey del pop latino” contemporáneo, capaz de fusionar éxito comercial, discurso político y cultura de baile.
Rumores sobre amenazas y medidas de seguridad
En paralelo al entusiasmo por su actuación, han surgido especulaciones sobre su seguridad personal. En TikTok circularon vídeos que sugerían que el cantante había llevado un chaleco antibalas durante la ceremonia de los Grammy. Algunos usuarios señalaban la rigidez de su torso o gestos repetidos hacia el abdomen como indicios.
Otros apuntaban a su postura corporal, aparentemente tensa, e incluso a un leve sobresalto cuando Lady Gaga se le acercó durante el evento. Sin embargo, no existe confirmación alguna. Ni el artista ni su equipo han respondido a estas teorías, y estilistas consultados mencionan explicaciones más plausibles: un corsé, el corte estructurado del traje o simplemente su complexión física.
Un contexto de tensión política
Las dudas sobre su seguridad han cobrado fuerza por el clima de polémica que rodea su presencia en el Super Bowl. Su elección como cabeza de cartel del “Halftime Show” generó críticas en sectores conservadores y entre figuras políticas. El expresidente Donald Trump llegó a declarar que no asistiría al partido tras el anuncio.
El artista, por su parte, ha mantenido una línea coherente: ha criticado repetidamente las políticas migratorias de EE. UU. e incluso excluyó el país de una de sus giras, alegando preocupación por la posible presencia de agentes de inmigración en las inmediaciones de sus conciertos.
Algunas inquietudes se remontan además al verano pasado, cuando, según diversas informaciones, habría recibido amenazas de muerte consideradas creíbles durante actuaciones en Puerto Rico.
Seguridad reforzada en el estadio y debate sobre el ICE
La polémica no se limita al cantante. El dispositivo de seguridad del propio Super Bowl —que se celebrará en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California— también ha sido objeto de debate. Tras anunciarse su participación, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, afirmó que agentes del ICE estarían “por todas partes” durante el evento, añadiendo que solo deberían asistir “estadounidenses respetuosos de la ley”.
Declaraciones similares fueron respaldadas por Corey Lewandowski, exjefe de campaña de Trump, quien reiteró en un pódcast político la previsión de presencia de la policía migratoria.
No obstante, en los días previos al partido, la NFL trató de rebajar la tensión. Su directora de seguridad, Cathy Lanier, aseguró en rueda de prensa que no se había planificado ninguna operación del ICE ni de servicios migratorios en torno al estadio o a los actos vinculados al encuentro.
Presencia federal, pero sin redadas migratorias
Eso no significa ausencia de seguridad federal. El Departamento de Seguridad Nacional de EE. UU. desplegará efectivos como parte del protocolo habitual para grandes eventos. Según informó The Washington Post, el comité organizador coordina el operativo junto con la NFL y las fuerzas del orden locales para garantizar la protección de los asistentes.
La participación de agencias federales, subrayan, sigue el mismo esquema aplicado en ediciones anteriores del Super Bowl y responde exclusivamente a necesidades de seguridad antiterrorista y control de multitudes.
Un espectáculo entre la música y la tensión social
Así, la actuación de Bad Bunny se prepara entre récords musicales, simbolismo cultural y un trasfondo político ineludible. Su presencia en el escenario más visto del deporte estadounidense no solo medirá el pulso del espectáculo, sino también el clima social que rodea a una de las figuras latinas más influyentes del momento.









